San Sebastián. DV. «Cada día más viejos, cada vez más solos». Esta frase -subrayada por los miembros de las organizaciones que se ocupan de atender en hospitales, residencias o domicilios particulares a los mayores de nuestra sociedad- tiene plena vigencia para los adultos y los jóvenes, porque el mundo occidental se encamina hacia un universo de pequeños núcleos familiares, donde los exagerados veinte, quince o diez miembros que residían en un domicilio, están siendo sustituidos por grupos de una, dos, tres o cuatro personas. «En mi familia éramos unos quince: mis abuelos, mis dos tías, mis padres, ocho hermanos, e incluso los sobrinos, que venían a casa en vacaciones. Ahí no había problemas de quedarte solo», dice el sociólogo azpeitiarra Fernando Arteche, que no cuestiona los cambios sociales, «porque responden a nuevas situaciones que no pueden tener las mismas respuestas que hace 50 años».
La realidad la marcan las cifras: 150.000 personas viven solas en la Comunidad Autónoma Vasca, por las 60.000 que lo hacen en Gipuzkoa. Con todo, no nos pongamos tristes, porque son cada día más, también, los voluntarios que dedican su tiempo para atender a todos aquellos que lo necesitan. Nagusilan, Cáritas o la Cruz Roja, entre otros grupos, acompañan a los muchos guipuzcoanos y vascos con dependencia, bien porque sus familiares no pueden responder a sus exigencias vitales, bien porque ellos mismos requieren esta asistencia. Ahí va su historia.