Un proyecto en la comarca zaragozana de la Jacetania ayuda a los mayores a seguir en sus pueblos

Están sentadas en un banco, en el vestíbulo de la casa. Se esconden del calor sofocante de la tarde. La charla denota intimidad. Estas dos mujeres se conocen bien y se aprecian. Se ríen. Parecen una abuela y su nieta. Pero Rosa Roca, de 38 años, y Sara Abadía, de 88, no son parientes. La anciana, que vive sola en Sigüés, un municipio de Zaragoza con 88 habitantes censados, apenas sale a la calle. La segunda la visita varias veces por semana. La ayuda a que pueda envejecer en el pueblo. Se encarga de archivar las facturas, de sus citas médicas… Pero sus gestiones trascienden el puro trámite. Hablan. La mira con la delicadeza de quien cuida a un familiar.